17 Febrero 2020

Lo que nos deja el asesinato de Eunice Marie Vázquez Destacada

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El nombre de la mujer en cuestión de seguro no le suena a ninguno de ustedes y eso es entendible ya que los medios estadounidenses no han dado una amplia cobertura al asesinato de esta mujer, bueno al fin y al cabo los productores de noticias quizás piensen que solo se trata de un asesinato más. Pero no se preocupen, yo les cuento un poco sobre la trágica muerte de Eunice Marie Vázquez de 37 años de edad.

Ella era una empleada en una tienda de liquidación de la muy reconocida marca deportiva Under Armour localizada en un centro comercial de la ciudad de Orlando en Florida. Vázquez quien se desempeñaba como manager de dicho establecimiento fue asesinada el pasado lunes 10 de febrero por un ex compañero de trabajo identificado por las autoridades como Daniel Everett de 46 años.

El reporte policial, que es citado por el sitio web clickorlando.com indica que Everett disparó contra Vázquez dentro de la tienda y que ella era el objetivo. Pero ¿por qué Everett quería matar a su ex compañera?

De acuerdo con el reporte de la policía, Everett, quien también era manager en la tienda, buscaba venganza luego de haber sido despedido del lugar solo horas antes del tiroteo. El hombre estaba tan enojado por su despedido, que, de acuerdo con el jefe de la policía, Orlando Rolón, éste había elaborado una lista con otros posibles objetivos, todos empleados de la referida tienda.

El asesinato de Vázquez básicamente nos enseña dos cosas. En Estados Unidos, las personas aprenden a aferrarse a sus empleos, y en el caso de Everett, todo indica que podría ser el caso. Él había trabajado en esa tienda durante tres años; con su posición de manager es justo pensar que esto le brindaba cierto nivel de estabilidad económica y laboral, dos cosas muy importantes y apreciadas en este país. Por eso, al ser despedido – por razones no aclaradas – el hombre perdía esa estabilidad, llevándolo esto a enfurecerse a tal punto que pudo haber perdido el control y querer vengarse de quienes consideraba son los responsables de despojarlo de su estabilidad. Como ya señalé los estadounidenses se aferran a sus trabajos, tanto así que muchas personas hacen de ellos su forma de vida y si pierden sus puestos, creen que ya no hay más empleos disponibles. Es aquí donde precisamente sale la primera enseñanza de esta tragedia: no debemos aferrarnos a nuestros empleos, especialmente en este país, donde las empresas solo se enfocan en generar beneficios y los empleados solo son considerados y tratados como herramientas reemplazables.

Muchas personas priorizan tantos sus empleos que se olvidan que la relación con las empresas no es diferente a cualquier otro tipo de relación y como todas las relaciones, estas pueden terminar en cualquier momento y sin previo aviso.

La segunda enseñanza aquí, es sobre un tema que la sociedad estadounidense se las ha arreglado para hacerlo muy complejo. Me refiero al asunto de las armas de fuego. Pese a que cada año más de 30 mil personas pierden la vida con armas de fuego, hay un sector de la población que no quiere reconocer que estas son herramientas de muerte. Cuando una persona tiene en su poder un arma de fuego, existe una alta probabilidad de que – como Everett - se convierta en un “Ángel de la Muerte” para uno o más inocentes. En esta ocasión ese inocente respondía al nombre de Eunice Marie Vázquez.

No nos podemos olvidar de que los humanos somo temperamentalmente inestables, lo que nos puede hacer actuar de forma errática y peligrosa para otras personas. Un momento de ira nos puede llevar al descontrol, sesgar nuestro racionamiento y si en un momento como ese se tiene un arma al alcance, el resultado puede ser fatídico.

Dicho todo esto, solo que queda rogar porque ningún otro Daniel Everett le quite la vida a ninguna otra Eunice Marie Vázquez.

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